Revista mexicana sobre la Naturaleza y la cultura rodeada por ella.


“La naturaleza por sí misma es sublime y elocuente.”
— Alexander von Humboldt


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CHRISTIAN DE LA PASTA


El departamento de Christian tiene dos ventanas y una puerta de vidrio que da a un balcón por donde se filtra la luz del mediodía. El edificio del frente bloquea el ruido de la calzada y en su lugar lo reemplazan sonidos de ambiente. La risa de una niña que baila, un perro ladrando y puertas que abren y cierran. Nos recibe con un delantal rojo y, después de esperar a que saludemos a su gatita, que no muestra el mínimo interés en nuestra llegada, nos dirige a la cocina.

Comienza a batir una mezcla de pan de plátano mientras nos cuenta sobre su vida: su crianza en Montemorelos, Nuevo León, su familia, su proyecto Parola Pasta y su relación con la naturaleza. “Yo siempre digo que fui criado con amor”, vacía la mezcla en una charola, “desde niño supe dos cosas: que quería ser arquitecto y después chef. Afortunadamente en mi familia nunca hubo limitaciones o prejuicios así que si yo decía que quería hacer algo, mis papás me dejaban y confiaban en que lo iba a lograr.”

¿Dónde creciste y cómo fue tu niñez?

Yo soy de Montemorelos y ahí crecí. De niño fui muy aplicado; era el de la escolta, el amiguito de todos, ese niño. En los deportes ahí si no era bueno. Intenté todo: basquetbol, futbol, beisbol y nada. Entonces mis papás me compraron libros para intentar acuarelas y plastilina y con eso me entretenía.

Salía mucho, también. Allá no había nada de quedarte en la casa viendo la tele. Tomaba la bici y salía y pasaba mis días así o haciendo alguna actividad con mis manos. Mis papás siempre fueron muy permisivos y me dejaron hacer lo que yo quería, siempre y cuando cumpliera con mis deberes, la escuela y todo eso. Creo que eso me ayudó a crecer libre y hacer lo que yo quería hacer más allá de lo que creía que debía, nunca me impusieron estereotipos ni prejuicios.

¿Crees que eso afectó o influenció la manera en la que te relacionas con la naturaleza y la comida?

Sí, porque la vida en el pueblo es muy consciente. No necesariamente con el enfoque de cuidar al planeta pero de usar y cuidar los recursos que tienes a tu alcance porque eso es lo que hay y ya. Por ejemplo, había veces que para calentar el agua con la que me bañaba, la dejábamos al sol durante el día. Así no usábamos gas y nos bañábamos con agua de sol.

También me obligó y acostumbró a salir y convivir con mi entorno. Allá no hay otra manera de vivir si no sales de tu casa.

¿Cuáles son los principios que desde entonces has desarrollado en cuanto al medio ambiente y cómo los llevas a cabo en tu vida diaria?

He intentado aprovechar al 100 por ciento todos los recursos con los que cuento y también intento consumir local. Tengo 23 gallinas y un gallo. Las adopté hace poco y con la ayuda de mi papá les hicimos un gallinero en el rancho. El lugar en donde están es súper lindo y están muy bien alimentadas. Y ahora mi producción de pasta depende de la cantidad de huevo que den. Si dan 50 huevos, con 50 huevos trabajo y me adapto. Si dan más, pues trabajo con más.

También me gusta apoyar a las personas y usar lo que ellos producen en sus ranchos o casas. Por ejemplo, me habló una amiga que le sobraba una caja de limones. La acepté y dije qué voy hacer con tanto limón, no lo voy a tirar. Así que los fermenté y tuve que idear recetas donde los pudiera utilizar. Voy innovando dependiendo de lo que tenga a la mano y trato de aprovechar todo.

¿Qué opinas de la rapidez de la actualidad y del hecho de que hay cierto tipos de frutas durante todo el año y no sólo por temporada?

Siento que nos hemos alejado mucho de la naturaleza y sus ciclos. Creo que es importante saber lo que por temporada puedes comer pero también que haya espacios colaborativos donde aprendamos y compartamos eso como lo es Huerto Urbano. Lo que más me gusta y he aprendido de ellos es ser más consciente de lo que como y entender que todo tiene su temporalidad. Me ha ayudado a ir más lento y ser más paciente. Por ejemplo, saber que para unas zanahorias tienes que esperar 2 o 3 meses y si se te muere la planta ni modo te la arreglas sin eso y hay que esperar otros meses para que la vuelvas a tener.

En general le doy más valor a todo por el tiempo que tardó en crecer, los recursos que se utilizaron y por el esfuerzo de las personas que están detrás de ese proceso. Por eso también voy mucho a Montemorelos a comprar ahí las verduras que yo sé que son de rancho y que las ganancias van directamente a quien las sembró.

¿Crees que la comida te ha ayudado a tener una mejor relación con la naturaleza?

Sí, totalmente. Ahora me interesa y me meto más en el proceso en el que fue hecho mi comida. ¿Cómo se regó el cultivo? ¿El maíz es transgénico o no? ¿Está nutrido o no? Me ha hecho preocuparme más por el cuidado de los suelos, del agua, de todo lo que contribuye a tener comida de calidad.

También me metí mucho a investigar y a no confiar en lo que me dicen las etiquetas. ¿Realmente la hicieron como dicen o sólo es publicidad? Prefiero consumir frutas o verduras que están hechas de una manera respetuosa con el planeta, producto animal que vivió en buen estado y también que las personas que trabajaron en ello tengan buenas condiciones laborales.

¿Cuál es tu actividad para convivir con la naturaleza?

Ir a correr. Todos los días corro en Calzada. También me gusta ir al río cuando tengo la oportunidad, el contacto con el agua y el sonido me relajan.



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Christian | Parola Pasta



Entrevista: Elena Urueta
Fotografias: Mariana Cárdenas